La Dura Vida de un Consultor. 6 Falsos Mitos Desmontados 😱

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¡Derribemos el mito!

Es evidente que la vida del consultor ha sido envidiada por propios y extraños, pero estamos seguros de que después de leer este artículo, éstos cambiarán su opinión y agradecerán el no haberse dedicado profesionalmente al mundo de la consultoría. 😉

Los falsos mitos de la vida de un consultor

Circulan todo tipo de falacias sobre lo beneficioso que es ser un consultor. Que tenemos teléfonos móviles de empresa, que nos proporcionan un portátil para trabajar, que nos pagan los viajes aquí y allá, que tu desarrollo profesional es brutal…

Hasta aquí todo es cierto, pero no es oro todo lo que reluce. Vamos a desmigar esta info para demostrarte que eso que parece tan bueno, es en realidad un fastidio.

La dura vida del consultor

#1 Móvil de empresa

Esto ya no es exclusivo del sector de la consultoría, ya que muchísimos trabajadores tienen smartphones y teléfonos de empresa para utilizar en su vida laboral.

El caso es que, sea como sea, el tener un móvil a disposición única y exclusivamente de tu trabajo es un engorro, y más si trabajas como consultor. ¿Por qué? Tan sencillo como que de consultor, a grandes rasgos, lo que haces es ayudar a empresas.

Estudias sus casos, te preparas bien y les planteas una solución sobre cómo mejorar su productividad. Abaratar costes, aumentar la producción, optimizar procesos, etc. Es decir, te conviertes en la piedra angular del crecimiento empresarial.

Esto es peligrosísimo, porque el que lleve la batuta dentro de la empresa te va a ver como un pozo sin fondo. Como te está pagando, se cree con el derecho a llamarte cuando le dé la gana para que le resuelvas una duda o le ayudes con algo.

Error. Eres consultor y sí, estás a su servicio. Pero laboral, no personal. Tú también tienes una vida y tanto derecho como el cliente a vivirla. Lo que pasa es que tienes un teléfono y has de llevarlo encendido menos cuando duermes.

Que sí, que un acierto lo de tener móvil de empresa, pero es un arma de doble filo al mismo tiempo. Y esto es solo el principio…

#2 Portátil de empresa

Consultor viaja siempre con su portatil encima

No es tan grave, porque a día de hoy los ordenadores no reciben llamadas a no ser que tengas iniciada sesión en Skype. Pero a ver, seamos sinceros: los consultores nos movemos y viajamos mucho. Tenemos que ir de lado a lado, de empresa a empresa, de ciudad a ciudad. Del hotel a la empresa, de la empresa a casa, de casa a una reunión, de la reunión a la empresa…

No paramos de movernos y si te dan un ordenador de empresa es para que lo lleves siempre encima, para usarlo allá donde vayas, o por lo que pudiera pasar. Y los ordenadores pesan y son un engorro al viajar. Son grandes, voluminosos y tienen valor de cara al ladrón. Hay que estar ojo avizor con ellos.

En fin: una molesta preocupación más.

#3 Jornadas interminables

El momento de comunicar a los clientes las mejoras a implementar a veces se alarga más de lo necesario. O el de tratar de hallar la mejor solución a nivel interno, entre los propios consultores.

Como te están pagando por estar allí, parece que te tengas que quedar hasta cuando el contratante quiera. Y vuelta a lo que decíamos de los móviles: eso no es así, ni de lejos.

Las jornadas laborales tienen que ser como las de cualquier empleado. Cuando una empresa contrata a un consultor tiene que tener claro que ha de invertir tiempo además de dinero. Es decir, no puede citar al consultor a las siete de la tarde para tratar los temas acontecidos ese día; como pasamos a ser un brazo más de la empresa, cualquier tipo de reunión se tendría que dar en horario laboral.

Ni qué decir tiene lo de que en casa del herrero, cuchillo de palo.

Nos quejamos de que nuestras jornadas se hacen interminables cuando tenemos que tratar con clientes, pero no está de más que reconozcamos que debido a nuestra forma de trabajar es más que factible el tener que quedarnos hasta altas horas de la noche para acabar un proyecto a tiempo.

Damos mucha importancia al proceso de preparación para poder evaluar a la perfección una empresa especializada en algún sector. También se pondera al alza el tiempo en reuniones, porque la empresa en teoría no la conoce nadie mejor que su dueño, según la lógica que luego nunca se cumple.

Y luego, el tiempo que tenemos que dedicar a preparar los informes finales nos lo tenemos que sacar de la chistera. Es el último paso y el que podemos desarrollar en casa con toda la tranquilidad del mundo. Y es, evidentemente, el que peor medimos. ¿Resultado? En muchas ocasiones, las horas se nos echan encima y terminamos de elaborar el informe el día anterior a última hora, por decirlo así. Se lo presentamos al cliente recién salidito del horno, vamos.

#4 Viajar a gastos pagados: adiós a tu vida personal

 viajes a gastos pagados problema para el consultor

Cuando haces tu primer viaje, ¡alegría! La empresa te paga el hotel, las dietas, el transporte, etc. Con el segundo también disfrutas. Cambiar el escenario laboral siempre es bueno. Con el tercero empiezas a dudar, y cuando llevas setenta y cinco ya llevas unos cuantos diciéndote: ¿me compensa?

La vida de un consultor es ideal para un soltero. Si tienes familia y te gusta pasar tiempo con ella, ser consultor es una desgracia.

Viajar está bien, pero cuando tienes que empalmar viajes y dormir pocas horas porque llegas tarde a casa y coges el primer avión del día siguiente, horror. Hacerlo una vez es factible, pero cuando es una constante, es un auténtico suplicio.

#5 Pagan justos por pecadores

Con el paso de los años y el crecimiento de personal salido de la universidad parece que la figura del consultor se ha disparado. Una persona acaba una carrera y aparentemente lo más sencillo y más provechoso que puede hacer es dedicarse al mundo de la consultoría especializada en su sector.

Es trabajo de un consultor el estudiar al cliente y adaptarse a su empresa. Está bien ser un consultor especializado en un ámbito en concreto, claro que sí, pero siempre que exista una formación previa tanto en el sector como en la consultoría.

Lo que sucede ahora es que hay miles de consultores ofreciendo servicios de consultoría que saben mucho de un tema particular, pero cero de cómo sacar a una empresa del fango. Esto nos deja en mal lugar a los demás, los que ejercemos de consultores como marcan los cánones de la profesión.

#6 Frustración profesional en la vida de un consultor

Frustración dura vida del consultor

Cuando alguien trabaja en una empresa y se le encarga una faena de responsabilidad, empieza a dedicarle tiempo y ganas hasta que la termina. Y cuando lo hace y se va a su casa, la felicidad no cabe por la puerta porque ha cumplido y ha hecho lo que se espera de él.

Un consultor puede hacer el mejor trabajo del mundo para una empresa que, si no existe una implicación del 100% en todo momento (antes, durante y después), el proyecto se acaba hundiendo y el trabajo realizado no sirve para nada.

Sí, a final de mes nuestra nómina no lo nota, pero se genera una frustración que se aproxima mucho al desánimo. Es importante estar motivado cuando trabajas, y si las empresas aplican las soluciones ofrecidas por un servicio integral de consultoría solamente a medias, es fácil dejar de estarlo.

¿Parches? ¿Soluciones temporales? ¡No!

Ya que inviertes en saber cómo mejorar, ¡no te salgas de la rueda y mete dinero y/o tiempo también en implementar las soluciones tal cual se te presentan! En caso contrario, ¿por qué has contratado un servicio de consultoría profesional?

No todo es negativo en el mundo de la consultoría

vida de un consultor alegrias

Hemos echado pestes durante todo el tiempo que nos ha llevado escribir este artículo, pero que a nadie se le olvide que seguimos en esto por amor al arte.

Nos encanta ser consultores. Aconsejar a clientes, ayudarles a crecer y a que consigan sus metas profesionales, llegar a casa con el sentimiento del trabajo hecho, con una buena nómina a final de mes y, sobre todo, con el desarrollo profesional que te llevas de cada cliente.

Cuando trabajas con un cliente de un sector en concreto, te metes de lleno en él. Te estudias todos los aspectos que lo caracterizan para poder evaluarlos en la empresa que te contrata. Ello implica aprenderse la terminología, procesos, situaciones típicas, oportunidades, debilidades y demás (¡viva el análisis DAFO!) que envuelven el bosque en el que estás entrando.

Cuando acaba el proceso, el buen consultor –es decir, el que se integra de verdad– ha aprendido una serie de cosas propias del sector de un valor incalculable. No cabe decir lo útil que es esto tanto para el consultor (formación continua, desarrollo profesional) como para las futuras empresas que le contraten.

Así pues, nosotros lo tenemos decidido. Hay muchas cosas malas en la vida de un consultor, pero las que tiene de buenas ganan de goleada. ¿Qué opinas?

Si eres consultor y te quieres unir a nuestra asociación de empresas de consultoría en Navarra, te esperamos encantados.

¡Hasta pronto!

Imagen: La Calle Lipova

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ANEC

Asociación Navarra de Empresas de Consultoría

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